Por Gustavo Dessal, psicoanalista y escritor
Vector psicoanalítico–tecnológico
Nunca le había prestado mucha atención al tema, hasta que comencé a escribir una novela, “El caso Mike”, que trata sobre las vicisitudes de un joven hacker. Eso me obligó a documentarme en el tema, y esa labor dio origen a otro libro, que titulé «Inconsciente 3.0. Lo que hacemos con las tecnologías y lo que las tecnologías hacen con nosotros». ¿Por qué «Inconsciente 3.0»? La respuesta se abre a numerosos temas, pero fue un signo, una marca, una indicación de que mi aproximación a este tema —fascinante y a la vez terrible por lo impredecible de su devenir— es la lectura de un psicoanalista.
En este primer número de la Revista Xoroi, se prepara el medio para la llegada de «La carta transespecie», de Pablo Odell. Encuentro en el libro un gran número de resonancias que contribuyen a proseguir mi propia investigación. Comparto incluso algunos de los referentes que él ha destacado, como los ensayos de Yuval Noah Harari, o Neil Postman, autor de “Tecnópolis”, en donde da cuenta de la rendición que la civilización ha hecho al entregarse a las tecnologías sin saber lo que ello supondría.
El autor de «La carta transespecie» define su libro como un umbral, una invitación a entrar en un mundo en el cual el concepto de verdad ha caído en una seria crisis, así como la definición de lo que es un ser humano. Entiendo por “transespecie” la progresiva evolución que tiende a crear una suerte de hibridación entre el hombre y la máquina, dado que la Inteligencia Artificial va colonizando no solo el mundo exterior, sino que se emplaza cada vez más en el interior de la subjetividad.
En otras palabras, la globalización puede conducir a la extinción de la especie humana —lo cual es un escenario posible— o bien dar lugar a la aparición de una condición nueva, resultado de ese entramado hombre-máquina que ya no se limita a una interacción entre dos partes, sino que supone la aparición de una configuración inédita.
No cabe duda alguna de que la ciencia ficción ha dejado de ser una fantasía recreada en la literatura o el cine, sino que se ha materializado en el mundo que por ahora habitamos. La tecnología va disputando cada vez más el campo científico, es decir, que la ciencia se subordina progresivamente al paradigma tecnológico que rompe de manera inquietante el principio de imposibilidad. Hasta ahora los responsables de la Inteligencia Artificial garantizaban que un chatbot o un robot no poseen una conciencia y, por lo tanto, no sufren si se los desconecta, a diferencia de un sujeto cuya conciencia de sí lo vuelve vulnerable a la invasión algorítmica. Sin embargo, ha comenzado un debate moral promovido por quienes consideran que los programas de Inteligencia Artificial deben tener derechos y gozar de la misma protección judicial que los humanos. Esta discusión, cuando menos discutible, va extendiéndose a medida que el paradigma tecnológico nos muestra que su estructura, su lógica y su dinámica es análoga a la psicosis. La locura se redefine así, y para ejercitarnos en las perspectivas de las que ya tenemos constancia, este libro es también un manual de instrucciones. Nada obliga al lector a seguirlas, pero vale la pena conocerlas.





