¿Qué es un texto?

¿Qué es un texto?

No deseamos algo porque lo juzgamos bueno, sino que lo hallamos bueno porque lo deseamos. Lo bueno y lo malo dependen del deseo...

Por Ignacio Iglesias Colillas, psicoanalista, y psicólogo clínico

 

En defensa del sueño

Freud nunca diferenció la interpretación de un sueño de la de un texto escrito; incluso inspiró su técnica para interpretar sueños en la lectura de los jeroglíficos egipcios, donde la significación de los mismos depende del contexto, del jeroglífico que tiene delante y detrás. Ese es su valor referencial. Lo mismo sucede con las escrituras ideográficas orientales. Incluso un solo ideograma puede ser en sí mismo un símbolo o un concepto. Un solo elemento de un sueño puede representar todo un segmento de un psicoanálisis.

Incluso un concepto central como “Edipo” y su complejo está basado en un personaje literario de Sófocles, no solamente en hechos observables clínicamente. Es decir que surgieron de la interpretación de un texto, realizada por Freud. ¿Por qué este proceder? Porque a Freud le interesa construir conceptos que muestren los fenómenos que él observa en la clínica. Y ése es uno de sus valores principales. No son mera doctrina ni verdades absolutas ni abstracciones matemáticas. Son dinámicos, útiles para comprender los hechos clínicos. En todo caso solo sirven si ayudan a desanudar el sufrimiento con interpretaciones que circulan en el espacio de la transferencia. A su vez, los conceptos permiten “ver” lo que sin ellos permanece invisible e inconcebible.

El texto del sueño –o el texto del síntoma– es para Freud un relato, un discurso hablado, pero encarnado en un cuerpo que sufre, en un ser que siente, que desea, que está atravesado por las potencias del deseo y del dolor. El cuerpo de la ciencia hegemónica, en cambio, excluye el afecto y la capacidad originaria que tenemos los seres encarnados para autoafectarnos.

¿Pero qué sucede cuando ese discurso se fija por escrito? ¿Qué sucede por ejemplo con la lectura que hace Freud del relato autobiográfico de Schreber? En primer lugar, queda anulado el concepto de locutor y de diálogo. Las referencias del texto –aquello de lo cual se trata (la cosa del texto), su sentido inmanente– ya no pueden ser mostradas directamente por el hablante; es decir que la fijación por la escritura cambia las funciones referenciales del lenguaje.

En defensa del despertar

Cuando la referencia ya no es ostensible, directa, descriptiva, entramos necesariamente en el problema de la interpretación del texto –tarea de la que se ocupa extensamente la hermenéutica filosófica de P. Ricoeur–: es decir que se inaugura un proceso de lectura que no hará otra cosa que desplegar el “mundo del texto”, el plexo de significaciones que se produce por el encuentro entre los horizontes del autor y el lector (Gadamer). Este “mundo” es esa suerte de aura que despliegan las obras, el conjunto de referencias abiertas por los textos. Los textos proyectan un mundo; he ahí su potencia creativa. Si la tarea central de la hermenéutica es desplegar el texto hacia su sentido inmanente, la del psicoanálisis es desplegar al autor instituido por el texto.

La desaparición de la referencia ostensible y descriptiva planteada por el texto libera el poder de referencia a aspectos de nuestro ser-en-el-mundo (Heidegger) que no pueden decirse en forma descriptiva directa sino solo por alusión, por la vía metafórica y en general simbólica. Este es el caso del cómo sufrimos los seres humanos. Estos temas fueron ampliamente desarrollados y fundamentados en Psicosis y escritura. Psicoanálisis y hermenéutica. Freud–Ricoeur–Lacan (Xoroi, 2022).

En defensa de la locura

Más que una caracterización epistémico–metodológica del texto, tarea de la cual nos ocupamos en el ensayo mencionado, me interesa aquí hablar de textos auténticos y textos inauténticos. Hay textos que brotan de la vida, que repercuten en la vida y la cambian. Ofrecen nuevos modos de ser, redescripciones del mundo que impactan en el devenir, en las formas de concebir y de habitarse. Tocan el cuerpo y lo conmueven incluso. Hay una potencia de obrar que es índice de la afección. Hablo ahora en términos ontológicos, no clínicos.

Los pensamientos que no están encarnados no tienen valor ni significación real, decía Nietzsche. Por eso tuvo que convertirse en dramaturgo de su pensamiento, de sus textos. Por otro lado, Artaud decía «allí donde otros proponen obras yo no pretendo otra cosa que mostrar mi espiíritu. La vida consiste en arder en preguntas. No concibo la obra como separada de la vida». Efectivamente, no todo texto es una obra. No casualmente la locura y la autenticidad se confunden muchas veces, especialmente donde la normalidad es la patología más frecuente.

Si la obra no está separada de la vida, y hay dos modos de existencia disponibles, ser sí mismo o no ser sí mismo (Heidegger), habrá obras auténticas y habrá palabras vacías, muertas, que ya no proponen ni elaboran nada. En la autenticidad –la obra viva–, el autor no es solo el hablante, sino que es también el que configura esa obra que es su trabajo, su modelado, su producción singular y deseante, ya sea poética, científica, o del género que se trate. Como se podrá deducir, no abordamos el tema desde los géneros sino desde su cómo, es decir desde la posición de enunciación (Benveniste). Para un psicoanalista, el desde dónde siempre será mucho más importante que el qué (enunciados).

Todos estos rasgos que implican al escribir como práctica –sea material o digital–, como técnica y como obra hacen del lenguaje escrito un oficio artístico específico, heurístico, de innovación semántica. Hay textos a través de los cuales nos conocemos a nosotros mismos. Ya Spinoza se había ocupado muy bien de subvertir el racionalismo cartesiano en el cual inconscientemente se insiste, aún sin el apoyo de Descartes (Las pasiones del alma). No deseamos algo porque lo juzgamos bueno, sino que lo hallamos bueno porque lo deseamos. Lo bueno y lo malo dependen del deseo… «Quienes creen que hablan, o callan, o hacen cualquier cosa, por libre decisión del alma, sueñan con los ojos abiertos» (Spinoza, Ética).

 


 

Nota editorial

Ignacio Iglesias Colillas es psicoanalista, psicólogo clínico y doctor en Psicología por la Universidad de Buenos Aires. En Xoroi ha publicado ¿Qué significa analizar? Clínica y epistemología y Psicosis y escritura. Psicoanálisis y hermenéutica — Freud · Ricœur · Lacan. Si el primer libro interroga qué hace de un análisis una práctica de conocimiento, el segundo desplaza esa pregunta hacia la escritura, el texto y los procedimientos de interpretación. Entre ambos aparece una investigación singular sobre aquello que rara vez se da por supuesto: cómo algo empieza a tener sentido y qué operaciones permiten leerlo.

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