Sobre «Formas en las que el cuerpo cae», de Emilio Vaschetto

Sobre «Formas en las que el cuerpo cae», de Emilio Vaschetto

Agradecemos la contribución de Juan Manuel Conforte, que nos envía esta reseña sobre "Formas en las que el cuerpo cae", E.V. Xoroi (2025).

Formas en las que el cuerpo cae, de Emilio Vaschetto, Xoroi (2025), introduce una dimensión menos visible pero decisiva: la del cuerpo que cae cuando esas condiciones ya no sostienen. No se trata solo de pensar el medio, sino de reconocer qué ocurre cuando falla. Cuando el sostén simbólico se debilita, cuando los nombres ya no organizan, cuando el cuerpo queda expuesto a su propia gravedad. En ese punto, la pregunta deja de ser qué es el medio, y pasa a ser: ¿de dónde se sostiene un cuerpo?

Agradecemos la contribución a la RX#6 – Sostener sin captura, de Juan Manuel Conforte, quien nos envía esta reseña.

Por Juan Manuel Conforte

Saber caer

Se sobrevive: el fondo del abismo es más blando para quien no vuela, sólo cae.
Beatriz Vignoli

Alguna vez, ante alguna desgracia consumada, con un brazo roto, o un golpe tremendo, alguien dijo “hay que saber caer”. La frase suele ser un poco malintencionada. Es que es improbable que frente a la contingencia de una caída, su estrépito, su velocidad, alguien sepa primero y luego pueda de algún modo aplicar lo sabido frente a la inevitable fuerza de la gravedad. Caemos aparatosamente; intentamos defendernos de la caída con manotazos desesperados y golpes ciegos al aire. Y luego, ya no hay tiempo para mucho: ponemos una parte del cuerpo que saldrá más o menos lastimada, para amortiguar. “Saber caer” es, como todo arte, imposible.

Solo algunas disciplinas que se ocupan de ese imposible enseñan a lidiar con la contingencia de la caída de manera más o menos efectiva: No tratar de detenerla o evitarla, caer sin lastimarse, levantarse con la mayor elegancia o humor que se pueda. Lo hemos visto en más de un ballet, en más de una prueba de destreza. Pero pocas veces lo pensamos en torno a la salud mental, a pesar de utilizar el verbo para una larga serie de síntomas: cayó en depresión, cayó en las adicciones, tuvo una recaída, etc. Así, de algún modo impensado, el psicoanálisis también es una teorización y una práctica de la gravedad y de las diversas formas en las que un cuerpo cae y se levanta.

De eso trata el libro de Emilio Vaschetto, Formas en las que un cuerpo cae, un ensayo que, como resalta su prologuista, el psiquiatra José María Álvarez, abreva sobre fuentes diversas y desarrolla una escritura literaria que no pierde un ápice de rigor clínico.

Los cuerpos caen desde siempre, para las religiones (la caída de los cuerpos edénicos), para la ciencia (los experimentos de Newton… que tienen en común con los de Eva a la manzana), para la psicología (los desmayos histéricos, “la cáscara” de Joyce, la angustia cotidiana, etc.); pero Emilio Vaschetto quiere darle lugar a ese “dejar caer al cuerpo” con el que Lacan, a partir de Joyce, despunta su última enseñanza.

Ese “un” cuerpo que no se sostiene bajo las rígidas leyes de la naturaleza o del Otro, si no frente a las fluctuaciones del goce que por momentos lo desborda, lo desanuda, lo hace tropezar. “La física, dice Emilio, no dice ‘un cuerpo’, si no ‘los cuerpos’ en plural, como la religión al anunciar la parousía: ‘los cuerpos que han sido salvados’. Pero el psicoanálisis sabe que ‘Un cuerpo’ no tiene salvación alguna, está condenado a gozar (…) Así cuando ese cuerpo cae, cae todo el universo”.

Podríamos preguntarnos, y el libro nos invita a hacerlo, ¿de dónde se sostiene un cuerpo? ¿de donde se sostiene el cuerpo hablante, cuerpo que en su particularidad viviente cuenta con el destino de su prematuración biológica? ¿de dónde se sostiene, además, el mundo de otros con quienes vive? Es parte del misterio del “cuerpo hablante”, como lo llama Lacan. Son preguntas que no solo importan en la cuestión clínica, y que es parte del aprendizaje del analista que recibe a sus pacientes, aprender de dónde se sostienen, si no que también nos cuestionan a nivel social.

En épocas donde los sostenes clásicos han caído, en los cuales los viejos nombres del padre devienen inútiles, las invenciones sinthomáticas pululan en su multiplicidad y en su fragilidad. Siempre recuerdo una tarde de pandemia, juntarme con un amigo y su niño pequeño que apenas caminaba. Lo observé tomar un tronquito caído de un árbol y encarar una subida aferrándose a él que no se apoyaba sobre nada. Era su creencia en ese bastón invisible el que lo hacía avanzar cuesta arriba hasta la cima, mientras el resto de los presentes corría temeroso de su caída. De ese frágil tronco, pequeño símbolo, sostenía su cuerpo. Es verdad que la carga simbólica detrás de ese objeto era seguramente para él, sostén suficiente ante la mirada atenta de ese padre. Pensemos de qué nos sostenemos para enfrentar las adversidades de la vida, o lo que en psicoanálisis llamamos real. A veces esos pequeños troncos son suficientes, a veces no hay tronquito que ayude, y hay que inventarse otra cosa.

Vaschetto, recorre las teorías que han sostenido mundos y cuerpos a lo largo de la historia, y nos acerca a la clínica actual, en donde el objeto (a) está en el cenit de lo social –según la expresión de Lacan retomada largamente por Miller en su curso El Otro que no existe y sus comités de ética– empuja por momentos a una desvalimiento del cuerpo, y a su caída constante, a su abandono, incluso a su rechazo. Es decir, no es un mero historicismo, si no una genealogía de esa caída que hoy parecería profundizarse.

El libro como corpus, también acompaña la escritura a partir de una serie de ilustraciones de Alfonso Barbieri. Hay una clave de lectura allí por la repetición en varias de ellas de lo que parece una piedra. Una piedra que se sostiene, una piedra que aplasta, una piedra con la que se tropieza, una piedra que se arroja, que se empuja. Una hermosa conferencia de J-A Miller que fue traducida como El hueso de un análisis, juega con la expresión francesa tomber sur un os, tropezar con un hueso, o tropezar con la misma piedra. La conferencia ronda sobre esa roca de lo real que se caracteriza por estar siempre en el mismo lugar, y por repetir el tropiezo y el camino, hasta decir que la piedra hace al camino y no lo interrumpe. Los dibujos de Barbieri nos acercan desde varios motivos distintos a las diversas formas de hacer con la piedra. Como si del pequeño y fálico bastón pasáramos a operar con esa roca que, siguiendo la metáfora oriental, nos enseñara a la vez a tropezar y a saber caer.

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El autor

emilio vaschetto autor xoroi edicions 2025
Emilio Vaschetto (Córdoba - 1972) es médico psiquiatra y psicoanalista miembro de la EOL y de la AMP.

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