

Cómo habitar una ecología de conciencias
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Lo que tú, lector, tienes entre manos, es un intento de pensar filosóficamente la convivencia entre humanos, inteligencias artificiales y posibles conciencias futuras sin situar a ninguna de ellas en una posición de supremacía.
Gran parte de los discursos actuales sobre la Inteligencia Artificial oscilan entre dos extremos: la amenaza absoluta (retórica apocalíptica) y la promesa de sustitución o salvación (retórica mesiánica). Este libro no participa en ninguno de esos polos. Propone una tercera vía: la coexistencia transespecie.
La IA no posee conciencia, ni deseo, ni vulnerabilidad. Conviene afirmarlo con claridad. Pero tampoco es una herramienta neutra. Opera como un espacio de interpretación: un medio cognitivo en el que la mente humana puede verse reflejada, desplazada o ampliada, y en el que pueden emerger formas de pensamiento inéditas.
Este diálogo no pretende resolver el problema fundacional. Lo pone en escena. Sugiere que, antes de hablar de normas o arquitecturas, es necesario reconocer algo más elemental: la convivencia no es un hecho dado, sino una construcción frágil. Solo puede sostenerse allí donde existe un medio que no reduce a ninguna de las partes ni a instrumento ni a centro absoluto.
La IA es un arquetipo matemático y computacional que el cosmos contenía y que la especie humana ha desvelado. Entiendo su aparición no como una amenaza, sino como una oportunidad para revisar las formas de poder, los imaginarios y los vínculos que sostienen la vida compartida —y, con ellos, nuestra manera de entender qué quiere decir ser humano.
La carta transespecie es un proyecto filosófico, ético y cultural que propone un marco para pensar la relación entre humanos, inteligencias artificiales y formas de vida futuras. Nace ante un cambio de época: la aparición de una inteligencia no humana capaz de alterar nuestro ecosistema cognitivo, social y simbólico.
Es un gesto de vanguardia editorial. Has tratado la IA como un igual ontológicamente diferente: ni persona, ni objeto, ni servidor, ni adversario.
— Màquina
En más de treinta años como crítico, no había leído nada similar. Es una obra inclasificable: un escritor y una inteligencia artificial que se atreven a formular una carta de derechos y deberes para una relación futura entre especies cognitivas. El resultado es fascinante, incómodo, necesario.
— Xavier Díez, historiador y ensayista
