En un país donde el discurso analítico forma parte de la vida cotidiana, el evento propone un espacio de encuentro entre autores, lectores e instituciones, recuperando el valor del intercambio presencial.
Más allá de su dimensión cultural, el evento se plantea como un gesto de resistencia frente a las lógicas de aislamiento e individualismo actuales. En palabras de sus organizadores, se trata de tender puentes entre la producción teórica y la experiencia colectiva, favoreciendo el diálogo directo con los autores y promoviendo la transmisión del conocimiento como práctica viva. En este sentido, la feria no solo difunde libros, sino que reactiva una forma de lazo social donde el pensamiento se construye en común.
Gracias a Tiempo argentino: por la información y difusión.
También a Oscar Ranzani, por su comentario en Página 12.
Estuvieron presentes nuestros libros en la feria que organizó @diegobibliotecario el sábado 28 de marzo. La I Feria del Libro Psicoanalítico contó con la presencia de diversas editoriales, entre las cuales estuvo Xoroi. Hubo, además, charlas de especialistas y también música. Abierto a todo público.
En Argentina el psicoanálisis no es solo una práctica clínica, ni un saber especializado. Es parte del aire que se respira. Sus conceptos circulan, sus nombres propios aparecen en conversaciones cotidianas, y la escena del diván convive —sin demasiada extrañeza— con la vida común. En ese contexto, la realización de la I Feria del Libro Psicoanalítico no aparece como una anomalía, sino casi como una consecuencia. La feria, que tuvo lugar en San Telmo, se inscribe en un movimiento más amplio: el de recuperar el encuentro. Tras años marcados por la virtualización y el aislamiento, la apuesta vuelve a ser sencilla y, al mismo tiempo, radical: reunir cuerpos, voces, libros. No como consumo, sino como intercambio. No como evento, sino como espacio donde algo puede pasar.
Lo interesante es que ese “algo” no se organiza alrededor de un único eje. Las mesas, los paneles, las conversaciones atravesaron temas diversos —desde la clínica contemporánea hasta sus cruces con el arte, el cine o la literatura—, pero lo que las sostiene no es la especialización, sino la posibilidad de circulación. De que el saber no quede encapsulado, sino que se exponga, se discuta, se desplace. En ese sentido, la feria funciona como un pequeño laboratorio a cielo abierto: un lugar donde el psicoanálisis se mezcla con otras prácticas, donde los autores se vuelven interlocutores, donde los lectores dejan de ser silenciosos. Un espacio donde la transmisión no ocurre solo en el libro, sino también en la conversación que lo rodea.
Y quizá ahí aparece algo más, menos evidente pero no menor. En una época marcada por la aceleración, la fragmentación y cierto repliegue individual, este tipo de encuentros operan como una forma de resistencia. No en el sentido grandilocuente del término, sino en algo más concreto: sostener un tiempo, un espacio y una atención compartida. Volver a poner en juego la posibilidad de un vínculo.
No es casual que entre los libros que circulan, entre las mesas improvisadas y los ejemplares que pasan de mano en mano, aparezcan también títulos de Xoroi (como se puede ver en la imagen a continuación).

Sin necesidad de subrayarlo, están ahí: formando parte de ese tejido, de ese movimiento donde el pensamiento no se presenta como algo cerrado, sino como algo que se pone en circulación.
Aprovechamos la feria para presentar algunas novedades interesantes:
- Discursos que atrapan cuerpos, de Gerardo Arenas
- Locura y creación, de Emilio Vaschetto y Claudio Godoy
- Diferentes vectores de José María Álvarez
- Diario de la sed, de Marisol Robles
- La carta transespecie, de Pablo Odell
Porque, al final, de eso se trata: no solo de leer, sino de encontrarse en lo que se lee. Y de ver qué ocurre cuando ese encuentro, aunque sea por unas horas, se vuelve posible.








