Hay teorías que permanecen porque resisten el paso del tiempo. Otras permanecen porque aceptan transformarse. Entre ambos extremos se abre una pregunta que atraviesa tanto la ciencia como la filosofía o el psicoanálisis: ¿qué debe cambiar para que una teoría siga siendo fecunda? El libro de Juan Pablo Lucchelli, Marie Bonaparte, el clítoris y el psicoanálisis, que publicará Xoroi en breve, puede leerse precisamente desde esa tensión. A partir de la figura de Marie Bonaparte y de su largo diálogo con Freud, el ensayo revisa un episodio de la historia del psicoanálisis, y explora un problema mucho más amplio: cómo un determinado desconocimiento puede organizar un sistema teórico entero y qué ocurre cuando ese punto ciego empieza a hacerse visible. ¿Corregir un error anatómico? ¿Sustituir una jerarquía por otra? ¿Qué transformaciones permiten que un pensamiento continúe vivo sin dejar de ser reconocible? Leído desde esta perspectiva, el libro dialoga de forma natural con el tema que inspira este número de la revista: cómo permanecer cambiando.
Juan Pablo Lucchelli, psiquiatra y psicoanalista
El libro propone una relectura crítica de la teoría psicoanalítica de la sexualidad femenina a partir de la figura de Marie Bonaparte, discípula, analizante y estrecha colaboradora de Sigmund Freud. El ensayo sostiene que el escaso reconocimiento del clítoris en la teoría freudiana no constituye un simple error anatómico, sino un elemento que contribuyó a organizar toda una concepción de la feminidad y de la diferencia sexual. El recorrido parte de una paradoja presente en el propio pensamiento de Freud. Si, por un lado, afirma que cualquier parte del cuerpo puede convertirse en soporte de la libido, por otro relega sistemáticamente el clítoris a una etapa infantil del desarrollo femenino, situando la vagina como destino de la sexualidad adulta. Juan Pablo Lucchelli explora cómo esta tensión atraviesa la construcción de la teoría psicoanalítica y se convierte en una de las condiciones que sostienen la primacía del falo y el complejo de Edipo.
En este contexto emerge la figura de Marie Bonaparte. Convencida de que muchas dificultades sexuales femeninas tenían un origen anatómico, llegó a someterse en varias ocasiones a intervenciones quirúrgicas destinadas a aproximar el clítoris a la vagina. Sin embargo, el verdadero recorrido del libro no se centra tanto en esas operaciones como en el extraordinario diálogo intelectual que Bonaparte mantuvo durante años con Freud. A través de su abundante correspondencia, el lector accede a una especie de diario del análisis, donde aparecen tanto las intuiciones de la discípula como las dudas, desplazamientos y contradicciones del propio fundador del psicoanálisis. El ensayo incorpora también los conocimientos contemporáneos sobre anatomía y embriología para reconsiderar la proximidad estructural entre pene y clítoris, revisando las consecuencias que esa evidencia puede tener para la teoría psicoanalítica. Esta revisión se extiende igualmente a Lacan, cuya elaboración del “otro goce” y de la inexistencia de la relación sexual no termina, según el autor, de integrar plenamente la realidad del cuerpo femenino.
Finalmente, el libro analiza las corrientes contemporáneas de reivindicación del clítoris y plantea una crítica original: el llamado “militantismo clitoriano” corre el riesgo de reproducir la misma lógica que pretende superar cuando sustituye un centro por otro sin cuestionar la estructura que organiza esa jerarquía. Más que corregir un episodio de la historia del psicoanálisis, el ensayo invita a pensar cómo se construyen los sistemas teóricos, qué papel desempeñan sus puntos ciegos y de qué manera un pensamiento puede transformarse sin perder la capacidad de seguir interrogando la experiencia.





