
El número introduce un desplazamiento: ya no se trata del medio, sino de lo que ocurre en él. En ese movimiento, el sujeto deja de ser un punto estable y pasa a situarse en tensión dentro de las condiciones que lo atraviesan.

EL SUJETO EN EL MEDIO
Lo que la revista ha puesto en marcha ya no puede observarse desde fuera

El número introduce un desplazamiento: ya no se trata del medio, sino de lo que ocurre en él. En ese movimiento, el sujeto deja de ser un punto estable y pasa a situarse en tensión dentro de las condiciones que lo atraviesan.

Un gruñido interrumpe un concierto y señala lo que la ejecución no puede sostener. Lo local aparece no como origen, sino como torsión interna de la lengua. Leer es dejarse situar ahí.

Lejos de constituir un mapa cerrado, el catálogo aparece como un medio: un espacio donde ciertas preguntas insisten y donde el pensamiento se sitúa en relación con aquello que lo atraviesa.

Lo que la revista ha puesto en marcha ya no puede observarse desde fuera. La cuestión ya no es qué hemos hecho, sino desde dónde lo seguimos sosteniendo.

La conversación sitúa un desplazamiento: leer ya no es solo interpretar, sino orientarse en un medio donde la relación entre palabra, fuente y sentido se ha vuelto inestable.

El problema ya no es lo real, sino el lugar donde se sostenía su diferencia con lo que aparece. Falta muy poco para que la diferencia entre lo que existe y lo que aparece deje de ser evidente.

Las lecturas propuestas no cierran el número: lo prolongan. El catálogo aparece como un campo en el que las preguntas continúan, más que como un conjunto de respuestas

El número introduce un desplazamiento: ya no se trata del medio, sino de lo que ocurre en él. En ese movimiento, el sujeto deja de ser un punto estable y pasa a situarse en tensión dentro de las condiciones que lo atraviesan.

Un gruñido interrumpe un concierto y señala lo que la ejecución no puede sostener. Lo local aparece no como origen, sino como torsión interna de la lengua. Leer es dejarse situar ahí.

Lejos de constituir un mapa cerrado, el catálogo aparece como un medio: un espacio donde ciertas preguntas insisten y donde el pensamiento se sitúa en relación con aquello que lo atraviesa.

Lo que la revista ha puesto en marcha ya no puede observarse desde fuera. La cuestión ya no es qué hemos hecho, sino desde dónde lo seguimos sosteniendo.

La conversación sitúa un desplazamiento: leer ya no es solo interpretar, sino orientarse en un medio donde la relación entre palabra, fuente y sentido se ha vuelto inestable.

El problema ya no es lo real, sino el lugar donde se sostenía su diferencia con lo que aparece. Falta muy poco para que la diferencia entre lo que existe y lo que aparece deje de ser evidente.

Las lecturas propuestas no cierran el número: lo prolongan. El catálogo aparece como un campo en el que las preguntas continúan, más que como un conjunto de respuestas